Matisa comenzó como el sueño de cuatro amigos que querían crear una cafetería, pero terminó convirtiéndose en algo mucho más grande.
La casa donde hoy está Matisa tiene una historia muy especial. Allí vivió nuestro administrador, Mario, cuando era pequeño.
Con el tiempo la casa quedó abandonada durante varios años y se fue deteriorando hasta quedar muy descuidada y prácticamente destruida por dentro.
Entonces nació la idea de darle una nueva vida, y fue donde Matisa empezó a crearse.
Después de mucho esfuerzo, trabajo, inversión y, sobre todo, muchas ganas de sacar adelante este proyecto, esa antigua casa volvió a llenarse de vida y nació Matisa.
El nombre viene de Matilde Salamanca, la calle donde estamos ubicados, y representa también esta nueva etapa de una casa que guarda tantos recuerdos.
Desde que abrimos nuestras puertas, Matisa se ha convertido poco a poco en un lugar de encuentro: un espacio para los vecinos, para las familias, para los niños, para quienes vienen a tomar un café y, por supuesto, para nuestros queridos perros.
Nos encanta pensar que aquella casa que durante años estuvo vacía hoy está llena de conversaciones, risas, aromas a café y nuevos recuerdos.
Porque Matisa no es solo una cafetería; es una casa que volvió a tener vida y que hoy queremos seguir llenando de historias junto a ustedes.